PREGON SAN AGUSTIN 1.999

Francisco Gómez Ferreras

 

Queridos amigos: Fernanducos, familiares y visitantes de Fernán-Caballero en las Fiestas de San Agustin.

 

Ha sido para mí una gran sorpresa y un gran honor recibir la llamada de la Corporación Municipal de Fernán-Caballero, y en su nombre de la Excelentísima Señora Alcaldesa: Doña Dolores Ortega Bernal, invitándome a que fuera yo el Pregonero de las Fiestas de San Agustín el último año del milenio.

 

Mi primera impresión fue de incredulidad y extrañeza preguntándome, qué méritos había hecho yo para estar aquí en estos momentos cuando cualquiera de vosotros sois tan merecedores de esta designación como yo.

 

Una vez que decides hacerte cargo de esta tarea, lo primero que piensas es de que temas puedas hablar en tu discurso; desde luego no parece oportuno hablar de temas profesionales como: Las necesidades actuales de la Justicia española, ni  la situación en los Balcanes, los problemas de derivados de la aplicación de los Acuerdos de Dayton en Bosnia-Herzegovina, en la Federación Croato-Musulmana o en la República Serbska , ni tampoco de las condiciones que la Comisión Europea impone a los países Bálticos para su integración en la Unión. Lo más razonable y adecuado es hablar de Fernán-Caballero.

 

El porqué Fernán-Caballero es el mejor pueblo del mundo, desde la India a las islas Hawaii o desde las llanuras del Serengueti o del Ngorongoro a las tierras altas de Laponia y el porque siempre me he considerado fernanduco en cualquier tiempo y lugar.

 

El primer recuerdo que tengo de Fernán-Caballero se remonta a más de cuarenta años, como un lugar  privilegiado y alejado del planeta donde vivía la mayor parte de mi familia. Emplazado entre las cuencas del Guadiana y del Becea, los montes de Malagón y la sierra de Porzuna, con hermosas huertas, campos de cereales, maíz, panizo, olivos, viñas y frutales, con una arquitectura de pueblo manchego, trabajador y labriego,con su vieja e imponente Iglesia, que a mí me parecía mas importante que la de San Pedro en Roma y cuyo reloj y campanario se veía desde cualquier punto cardinal por el que te acercases al pueblo, desde la estación, desde Malagón, desde Ciudad Real o desde el pantano. 

 

Para llegar hasta aquí, se necesitaban más de cinco o seis horas de viaje en tren que comenzaba en la estación de Delicias, donde Josillo, maletero de dicha estación y manchego de pro, nos contaba  novedades  sobre conocidos comunes que por allí habían pasado de ida o de vuelta de Fernán-Caballero.

 

El largo viaje en tren, con parada obligatoria en Algodor y Urda, exigía una buena merienda, daba tiempo para dormir, para recorrer el pasillo cientos de veces y para solicitar la ayuda de tus padres a la hora de quitarte la carbonilla de los ojos. Cuando llegabas a Fernán-Caballero, que siempre era de noche,se veía su estación de ladrillo visto, como la plaza de toros de las Ventas, al jefe de estación y a mis abuelos o tíos esperando con la tartana o la borrica para llevarnos a casa y disfrutar de las Fiestas de San Agustín.

Recuerdo que en las fiestas todo el mundo estaba contento de verte, muchos te preguntaban de quien eras, cuando habías venío y si ibas a pasar todas las fiestas en el pueblo

 

También recuerdo los lugares a los que iba y las personas que me acompañaban; a las que desde aquí quiero manifestar mi agradecimiento y reconocimiento público:

 

Mi abuelo Francisco me contaba las historias sobre la construcción de la presa de Retuerta en compañía de mi tío Juan, las penalidades que pasaban en esas tareas, el carácter tranquilo y afable de mi abuelo; los cuentos de Periquillo el Oso y el de Las Tres Hijas del Diablo que mi abuela Eugenia nos contaba en compañía de mis primas Pili, Manoli y Eugenia; también recuerdo ir a la era a trillar en carro, por el camino de la Ventilla, en compañía de mi tío Berenguer; y visitar la fragua de mi tío Honorio y de mi tía Guadalupe.

Acompañar a mis primos Angel y Paco, subido en los covanillos de la borrica, a regar las huertas de pimientos y tomates haciendo unos tapones con la hazada que no se los saltaba un gitano.

Acompañar a mi abuelo Manolo al casino a ver a la animadora, enseñarme una y otra vez a leer en el Quijote; oír su maravillo cuento del Lobo ,en la mesita del salón, en compañía de mis hermanos y mis primos Julián, Juanito y Rosamaria. La merienda de magdalenas, resecas y perronillas que nos preparaba mi abuela Juliana, e ir a nadar al canal con mis tios Augusto, Tina y Eusebia.

Acompañar a mi tío Nicolás a Peralbillo a repartir el pan escuchándole sus asombrosas historias sobre la guerra de Africa, el desastre de Anual y los sufrimientos de los soldados españoles en tierras marroquíes.

Recuerdo a mi tío Fortuno, siempre alegre, dándome cobijo en su casa el día del toro en compañía de mi tía Tiodo de mis primas Omi,y Pepi, mis primos Fortunín y Juan Francisco además de la familia de Serafín.

Esperar en las cuatro esquinas junto a mi hermano Manolo, mi hermana Mercedes, mis padres Manolo y Paquita, mi tío Angel y mis primos Venío, Eusebio y Domingo, a ver el paso de la carrera ciclista con Luisillo y Piriri como los mejores y mis dudas sobre quien sería mejor si Luisillo o Bahamontes.

Las excursiones al pantano visitando a mi tía Pepa a mi tío Simón y a mi prima Isabel.

Ir a ver las cucañas, siempre ganadas por Candidín, con mis tíos Gaspar y Virginia y mi prima Male.

Ver la procesión de San Agustín en la que participaba el pueblo entero y acudir con mis padres y hermanos a la entrada del Santo en la Iglesia con la explosión de fuegos artificiales más importante del mundo por centímetro cuadrado.

También recuerdo el esplendor del baile nocturno de las fiestas, a mi elegante tío Gabriel y a mi primo Mariano con su eterna sonrisa y preocupación por su madre.

 

Desde aquellos lejanos tiempos hasta hoy, el mundo y Fernán-Caballero han cambiado mucho:

 

El hombre ha pisado la luna y está a punto de pisar Marte.

 

Hoy en día se tarda menos en venir hasta aquí desde Madrid que antes en hablar por teléfono.

 

La mujer ha pasado, merecidísima y jústamente, de cavar las huertas de judías o cuidar la casa a encabezar la Corporación Municipal.

 

De estar prohibida la celebración de los Carnavales, a ocupar Fernán-Caballero los primeros puestos en los desfiles de carrozas en la provincia y fuera de ella.

 

De que sean tus abuelos los que te cuenten cuentos con imaginación y moraleja, a que te los cuenten los medios de comunicación sin ningún tipo de imaginación y con muy dudosa moraleja.

 

De ver por el pueblo el tránsito de carros mulas y borricas a no poder aparcar por el exceso de caballos de vapor

 

Del blusón, los pantalones de pana con cordeta y las abarcas, a las camisas polo, los vaqueros y las zapatillas de deporte.

 

De pregonar por las calles los malacatones de Malagón a ir al hiper a comprar mangos o cualquier tipo de fruta tropical.

 

De escribir con plumilla y tintero, bajo la atenta mirada de Don Críspulo, a escribir y hacer complicados cálculos por ordenador en milésimas de segundo

 

De las cocinas y fogones de leña al butano y la vitrocerámica.

 

De creer que San Sebastián, nuestro segundo patrón, había muerto asaeteado por los arqueros mauritanos de Diocleciano, a saber que después de curarse las heridas producidas en aquél trance, murió por la tortura que le mandó inflingir el mismo emperador.

 

En fín, por haber pasado de un régimen político falto de libertades democráticas  a un estado social y democrático de derecho.

 

Sin embargo, hay cosas que en Fernán-Caballero no han cambiado, ni cambiarán, porque son el ejemplo de comportamiento de nuestro patrón San Agustín, de nuestros padres y de los padres de nuestros padres, y así:

 

En Fernán-Caballero se valora más a la persona por lo que es y por su esfuerzo personal que por lo que tiene.

 

Porque Fernan-Caballero es un pueblo educado que valora respeta y cuida de sus mayores

 

Porque Fernán-Caballero es un pueblo crítico con las injusticias.

 

Porque Fernán-Caballero es un pueblo trabajador con imaginación y afán de superación.

 

Porque Fernán-Caballero es un pueblo tolerante y sabio que sabe enriquecerse con la variedad de opiniones.

 

Porque, en definitiva, en Fernán-Caballero la ayuda al vecino y la solidaridad esta por encima de las creencias políticas o religiosas.

 

Por todo ello, Fernán-Caballero es, sin duda, el mejor pueblo del mundo.

 

 

Viva Fernán-Caballero

Viva San Agustin

 

Francisco Gómez Ferreras

Fernan Caballero, 27 de agosto de 1.999